viernes, 11 de febrero de 2011

♥.


Se paró el tiempo. Casi cayó, de un momento a otro el corazón le fue increíblemente rápido, sus pulmones parecieron no funcionar... Sus ojos se postraron en los suyos, normalmente dicen que se ven estrellas, pero ella vio un universo, uno paralelo, paralelo a todo lo que le pasaba en el real... Un dulce calor, atravesaba su piel... Se mordió el labio inferior, y se dispuso a que ese instante a él le quedara grabado... El mundo seguía parado, como esa sensación cuando te paras de golpe a punto de estrellarte con un coche a 300 por hora, pues parecido, solo que multiplicado por mil. Es lo que se llamaba un flechazo. Solo lo que le faltaba, para coronar el año escolar... Un amor con el que pasar unos meses bien, y después la dejase; la deprimiese y volviera a estar todo el día en la luna por ello... Y con ello, volver a suspender.
¡No! , se negó, decidió no mirarle , bueno no mirarle por más tiempo, decidió darle al mundo el botón de continuar... Pasó el tiempo, y aunque no se lo propusiese, aquél "flechazo" acudía donde ella. Parecía que el destino quería hacerla tropezar de nuevo, y en este caso nunca mejor dicho. Cuanto ella más intentaba evitar su compañía el destino más lo acercaba a ella. Una serie de casualidades, como la que era que la madre de aquel "flechazo" y la de ella fueran amigas de toda la vida; o que sus chuches favoritas fueran las que se vendían exclusivamente en el super mercado en el que ella trabajaba. Acabaron hablando, y aunque se negaba en cuerpo y alma, la atracción puede con todo. Eran como dos imanes, condenados a atraerse hasta estar juntos...
Su primera conversación...¿Cómo la describiría [...] ? Fue cobrarle la caja de aquellas dichosas chuches. Pero tan seca, que apenas le dijo cuanto le debía,...
-¡Buenos días mami!
-¿De que buen humor estás, no cariño?
-Es que hoy es mi día libre, y voy a pasar el día en la playa, sin nadie que me moleste -Y murmuró- sin él...Gracias a Dios.
Se tiró toda la tarde en la playa, y en el crepúsculo de la noche, todo el cielo se volvió rosado, y la luna anaranjada, parecía cosa de película... La carpa del sr. Delli seguía abierta y nunca es malo comer algodón de azúcar. Pidió para uno, como solía hacer los días que iba sola a la playa para reflexionar... Quizás se excedió demasiado al pensar que aquella vez también estaba sola, cuando el sr.Delli le dio el algodón de azúcar, tenía un "posti" ; lo primero que se le vino a la cabeza fue que sería un apunte de algo que habría escrito el dueño de la carpa, un encargo quizás...Pero al leerlo, se dio cuenta de que aquello era imposible.
En el "posti" ponía con una letra masculina, pero legible:
" Intento evitarte, pero esto parece inevitable, no te conozco y los latidos de mi corazón solo dependen de verte sonreír un día más... "
Sin remitente, sin firma, sin un seudonimo, sin algo que demostrara que era quien ella quería evitar a toda costa, aunque intentaba convencerse a sí misma de que le había parecido algo sombrío, incluso sospechoso de acoso, realmente sabía que eran las palabras, el detalle, aquella brisa quizás, pero le parecía algo romántico, perfecto, algo tan increíble que no quería que pasara a más, por si dejaba de serlo.
De esto no aviso a sus amigas, porque pensó que ellas le darían mucha importancia. Seguramente no más de la que le dio ella, que aunque intentará olvidarlo, cada vez que lo recordaba una sonrisa se asomaba por la comisura de sus rosados labios.
Las seis de la mañana, una buena hora para salir a correr, a esa hora seguro que él no estaría cerca. Seguro que estaría durmiendo, seguro que estaría de resaca o quizás al lado de cualquier chica. Seguro...
Cerca de su casa había un parque, un parque normal, como todos. Corrió por ahí una media hora, el sol todavía no había terminado de salir, y ciertamente le apetecía más un buen zumo de naranja, que seguir escuchando el sonido de sus zapatillas al rozar el suelo.
Entró en un bar, pidió su zumo de naranja y un donut, se sentó en la terraza, los pájaros; gorriones, cantaban, y olía a pan recién hecho. Al traer la cuenta, se sintió decepcionada ninguna carta, ninguna señal... nada.
Ni siquiera ver sus bonitos ojos verdes. Porque eran verdes, verde pistacho.
Al llegar a su casa, comenzó a arreglar el jardín, ese día le tocaba turno de tarde y tenía que arreglar algo la casa. Corto el césped, y podó unos cuantos arbustos... Cuando llegó a las rosas se pinchó con una espina, y eso le hizo por un segundo quedarse algo sumergida en su mundo, no sé bien por qué, pero así fue. Enredada a un tulipán encontró otra nota... Esta vez no era un "posti" era un papel blanco, como arrancado de una libreta-diario , escrito con boli negro, y con la misma letra que en la anterior nota:
"Sigo sin poder nombrarte, todavía solo sé tu nombre... pero al pronunciarlo tiemblo, explícame por qué, ¿que hechizo has provocado en mí? Necesito tu esencia para sobrevivir. "
No sé si fue por la espina o por la nota, pero su piel erizó, sus labios temblaron y en su mirada se filtró una luz especial. Ya no intentaba evitar su increíble atracción hacía aquél maldito flechazo... Solo deseaba que le besase, que sus manos dibujaran su silueta, que su piel se sintiera vestida por la suya. Siguió manteniendolo en secreto...
Esa tarde iba a ir al muelle, necesitaba unas fotos buenas para su trabajo de arte. Y pensó que quizás aquél chico de ojos verde pistacho, aquél flechazo, aquél dichoso pensamiento inevitable podría verla, le pareció un buen motivo para ponerse más guapa de lo normal, más preciosa de lo que ya lo era.
Se puso su minifalda vaquera, y una camiseta rosa, se pintó los labios un poco más rosados y rimel en las pestañas. ¡Iba preciosa!
Sacó aquellas fotos y aunque ya había acabado decidió esperar, haber si él aparecía, haber si... encontraba una nueva nota, una nueva pista. ¡Lo que fuese!
Espero y espero... Se hizo de noche, y él no pareció dar señales de vida...
Al irse, un globo rosa palo pasó por su mirada... No le pareció nada extraño, muchos niños pasaban por el muelle con globos... Aunque sin darse cuenta, se volvió a apoyar en la barra que era como un balcón a la playa, debajo de ello había piedras y más agua... Oyó un silbido. Lo olvidó, miró al frente. Y... Subieron más de diez globos atados, con un peluche, un corazón. Ella extrañada lo cogió, una nueva nota.
" No pienses ni por un segundo que me olvidaría de ti, no se puede echar en falta lo que nunca se a tenido, pero yo todavía no conozco una razón mejor que tú, para seguir sonriendo. Este corazón es el mío, ponlo en tu cama, junto a tus otras almohadas, o peluches, o lo que sea que tengas, y cada vez que lo veas, por favor, acuérdate de mí. "
Ella sonrió, una lágrima salió de su ojo derecho, aquellos globos de diferentes colores, aquél corazón, aquella nota... ¿Cómo podía haberse enamorado de alguien sin conocerlo?
Esta vez sí se lo contó a su mejor amiga. Andrea, su amiga, empezó a gritar, a saltar sobre su cama, a decir que era lo más bonito que había oído, a llamarla tonta por envidia, pero claro, de broma.
Andrea la mandó directa al muelle, sola, al día siguiente.
No apareció, y fue la peor de sus ausencias. Cuando volvió a casa, la llamó y le explico que no vino, que le apetecía ir a dar una vuelta, también sola.
Camino hacía la montaña, ahí había un árbol en el que desde pequeña decidió que pondría un corazón, y en él su nombre y el de el amor de su vida. Pensó un rato, se llamo a sí misma tonta por haber caído en las tonterías de algún niñato, que quiso gastar una broma.
Se sentó en un banco de unos metros de distancia... En él había una nueva nota:
" Te podría dar todos los te amo del mundo, comprarte todos los corazones, e incluso copiar todos los poemas románticos para recitártelos uno a uno, pídemelo, lo aré, lo juro. Pero yo solo te pido algo, cuando termines de leer esto, gírate y dime que lo que a sido inevitable no ha sido conocernos, si no amarnos... "
Ella dudó, pero sintió que su piel se erizaba de nuevo, que sus labios volvían a temblar, y se giró. Ahí estaba él, ojos verde pistacho, sonrisa que podría compararse con la luna, una ternura indescriptible, y otra nota.
Él le dijo - Prometeme que harás lo que ponga la nota, si realmente lo deseas.
- Lo juro.
"Besame, abrázame, cuéntame todo lo que me he perdido por no estar a tu lado desde que naciste, ámame, pero por favor, jamás me sueltes... Porque sin ti mi vida se queda sin argumento. "
Ella cerró los ojos, le besó con todas las ganas, le puso todo el corazón. Y le cogió de la mano, lo llevó a aquél árbol, y sacó las llaves de su casa...
-No eres el primero en besarme, pero puedo asegurarte que serás el último.


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