miércoles, 13 de abril de 2011

"No, no fue el típico flechazo, aunque no diré que no fue amor a primera vista."

"¡Por fin! Ya era hora de poder ir al centro de la ciudad sola, para verla. ¿Cuánto hará que no me da uno de sus abrazos, y más sin tener que soportar a mi hermano diciendo mis suspensos? "
Eso pensaba Érica, iba a visitar a su hermana Laura. Hacía meses que lo deseaba, pero sus padres siempre le obligaban a llevar a su pequeño hermano con ella, porque a él también le apetecía verla. Lo cierto es que si ella no lo nombraba, a su hermano jamás se le pasaría por la cabeza visitarla, siempre ha ido por molestar a Érica, o por obligación.
Mientras la luz de la tarde le daba vagamente en los ojos, se miró en el retrovisor del conductor.
Lo cierto es que iba guapa, demasiado para ir solo a ver a su hermana, quizás esperaba que se hicieran alguna foto. Ni ella misma sabía porque se había arreglado tanto, su pelo liso y suelto pero cuidadosamente situado, su brillo de labios dulce , su raya en los ojos y máscara de pestañas que los hacía más llamativos de lo que lo eran, y su vestimenta favorita. Sobretodo, sus zapatos favoritos.
De Ronda a Sevilla había un largo trecho, así que se acompañó de un libro y un mp3. Miraba las calles, la gente, sin prestar demasiada atención. Tenía una pequeña manía, lo cierto que muy curiosa. Al subir a un autobús contaba las paradas, no por nada especial, ni para contar el tiempo, ni para no dormirse, ni para no pararse. Solo porque le daba por pensar que cuántas paradas dará aquél autobús pasando la suya. Muchas veces había pensado en subirse a un autobús y no parar hasta que se acabarán las paradas y así poder saber hasta donde llegaría, pero nunca se atrevía porque pensaba que una vez hecho, ya no sería lo mismo, ni el mismo misterio, ni podría fantasear con ello. Lo cierto es que no era una cobarde, podía aventurarse claro está. Pero prefería fantasear, hasta que encontrase a "esa persona" para hacerlo con ella. Era una tontería, pero sería original y algo que no haría con cualquiera.
La parada nº 3... y 6 minutos más tarde la 4.
En la tres solo bajó gente, sin embargo en la cuatro subieron varias personas, y bajaron algunas cuantas. Se fijó en ese detalle, porque un hombre llevaba de la mano a su hija y le dijo que fuera con cuidado que había mucha gente subiendo y se podía caer. Lo cierto es que lo tomó un detalle sin importancia. Sacó el libro, comenzó leyendo la última frase. Siempre lo hace. Otras de sus pequeñas manías sin sentido alguno.
Ella, ahora mismo, estaba en una posición muy cómoda. Demasiado para un autobús donde acaban de entrar unas cuantas personas, tampoco se llenaría el autobús, lo cierto es que muy lleno no estaba, pero en fin... Estaba estirada, con los pies en los asientos de al lado, apoyada sobre la ventana, y con el bolso al lado de sus caderas. Pero llegó un chico.
No, no fue el típico flechazo, aunque no diré que no fue amor a primera vista.
Él era alto, por lo visto fornido, de ojos marrones, la luz le daba indirectamente en los ojos, así que hacía más intensa la mirada, sus rasgos eran dulces. Era guapo, sí. Su acento confesaba que era italiano, y su sonrisa que era un bandido. Sí, un bandido de corazones.
-Escuse, ¿Este asiento está ocupado?
-No, está libre.
Una voz algo dulce, pero con madurez.
Ella siguió leyendo. Y él sacó de su bolsillo unos auriculares Nokia, se los puso. Es entonces cuando Érica se dio cuenta de que ese chico no era uno cualquiera. No hizo ningún gesto, nada. Pero al ponerse los auriculares y desconectar del mundo, perdió su mirada en un infinito paralelo al autobús, como si sus ojos tuvieran alas y nada le atara a ese asiento. Como si no se tratara de un cualquiera que entra en un autobús, como si la luz le hubiera elegido a él.
Sin tratar de imitarlo , ella sacó su mp3 y se decidió a escuchar El secreto de las tortugas - Maldita Nerea.
Hasta la parada número 6, casi la séptima no se decidió el chico a decirle una sola palabra.
-¿Canciones para Paula? He oído hablar de él, ¿Es tan buono como dicen?
Ella no salía de su asombro, parecía caerle en gracia.
-Solo voy por el principio, pero lo cierto es que promete.
Se limitó a decir, como poniendo punto y final por su parte a aquella breve conversación. Aunque ella esperaba que él se decidiera a demostrar que quería hablar, así que siguió leyendo indiferentemente. No tardó, como ella sospechaba.
-Y ¿ haces mucho esta ruta?
-No, poco, para visitar a alguien- intento hacerse un poco la interesante- ¿Y, tú?
-No, yo tampoco. Ahora estoy de vacanze, es decir, vacaciones... Y debo ir a comprar recuerdos bellos para la familia- Ella sonrió por dentro, su español italianizado le daba un toque, y que hubiera dicho familia le recordaba en algo al padrino.- Ya sabes, cosa típica española.
-Claro... - Esta vez pareció él quien puso punto y final, así que ella volvió a la lectura.
Se puso sus auriculares, y pasó de todo, ya iba por la parada 8, más o menos quedaría poco para la 9.
EL autobús paró bruscamente en la nueve. Y su estupendo bolso, a conjunto con esos perfectos zapatos calló al suelo. El chico, del que todavía no sabía nombre, se agachó y cogió su bolso, aunque algunas de sus pertenencias estaban esparcidas, pero bastante cercanas , las recogió y ella al mismo tiempo, sus cabezas chocaron con un movimiento brusco de volante. Rieron, aunque les dolía bastante.
-Alejandro, felice de conocerte. Quiero decir, encantado.
-Érica, igualmente, me encanta esta mini conversación, pero será mejor que nos levantemos del suelo antes de que nos demos otro golpe, y alguno de los dos quede insconsciente- Él, Alejandro, rió y su sonrisa causó algo extraño en ella. La hizo volverse un centímetro para atrás, pero queriendo ir 6 hacía delante. Si la locura no había llegado todavía a ese corazoncito, este fue el instante en que perdió toda su cordura. No evitó mostrar su sonrisa.
Se sentaron y entablaron una conversación, que comenzó por los gustos personales, y termino comentando la programación de tele5 o de antena3, temas que realmente no les importaban, era el simple hecho de hablar, de sentirse tan conectado a alguien sin siquiera conocerlo.
Ya iban por la parada 12, el camino por primera vez se le hacía corto a Érica.
Un silencio se hizo entre ellos, y de repente una conversación nueva. Esta vez hablaron de cosas más personales, que deseaban ejercer, cuántas veces usaba ese autobús, mil preguntas más, pero la única que no hizo fue, para ver a quien.
La conversación fue cogiendo un camino, el camino del amor, y me refiero con ello a las palabras que usaban , eran pequeños mensajes secretos.
Ella, que todavía no se había dado cuenta puso la vista en el cuaderno que había sacado antes de "presentarse formalmente". ¡Era dibujante!
-¿Me permites?
-Está bien, pero primero debo decirte, que eres molto bella.
-Gracie. - Dijo con una sonrisa, el italiano le salió solo.
Miro los dibujos, eran hermosos, lugares en los que ella había estado mil veces y que a ella no le había visto esa magia que parecía aliñarle él cuando los dibujaba, eso los hacía realmente buenos.
Pero no solo eran paisajes, había diversas mujeres, pero no trataban de producir erotismo, solo arte, y en la última hora del cuaderno, al principio no reconoció aquél rostro hermoso, y tan dulce. Era ella, sí. Y él le había puesto esa magia especial de nuevo.
Pero su sonrisa se esfumó al segundo que vio aquella calle, si me hubieran dicho que tendría que decidir entre ir a ver a su hermana sola o quedarse con un chico en un autobús y perderme por el mundo un rato... Sinceramente, me hubiera quedado con él.
Y creo que ella pensó lo mismo que yo, le mandó un SMS a su hermana, diciendo que no podía ser hoy, que le contaría otro día...
Y dirigiendose al italiano dijo :
-Solo nos conocemos hace 15 paradas, pero me gustaría recorrer todas las paradas que queden a tu lado, ¿Te unes? No quiero obligarte, ni meterte en un compromiso.
-Yo aceptaría bellisima dama, pero ¿ Tu novio no tendrá ningún problema?
-¿Novio?
-¿No ibas a visitarlo a él? ...
-No, a mi hermana mayor.
Y como si en esas palabras hubiera un nuevo mensaje secreto, o más bien una orden, él la besó.

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